A 21 de mayo de 2026
La UD Almería encara el tramo decisivo del campeonato con la presión al límite y la mirada dividida entre Gijón y Valladolid, consciente de que el próximo domingo puede marcar el destino de toda una temporada. El tropiezo del pasado fin de semana ha obligado al vestuario a reaccionar con determinación, y el mensaje interno es claro: ganar en El Molinón y mantener viva la pelea hasta el último segundo.
El equipo rojiblanco viajará a Asturias con la convicción de que aún queda margen para soñar. Los jugadores lo repiten en privado y en público: “quedan dos partidos y en el fútbol nunca se sabe”, una frase que tanto Andrés Fernández como Fernando Martínez han convertido en lema para estos días de máxima tensión. La plantilla sabe que no depende solo de sí misma, pero también que cualquier opción pasa por cumplir con su parte sin mirar atrás.
Mientras el Almería se juega la vida en Gijón, el otro foco de atención estará inevitablemente en el José Zorrilla, donde el Deportivo de La Coruña visita al Real Valladolid. Si los gallegos no ganan, la resolución del ascenso directo quedará aplazada a la última jornada. Si vencen, certificarán su regreso a Primera, obligando al Almería a centrar todas sus energías en llegar a la promoción desde la mejor posición posible. El tercer puesto, que otorga ventaja de campo en los playoffs, se ha convertido en un objetivo estratégico para afrontar con garantías la batalla final.
En el vestuario, la consigna es unidad absoluta. Rodrigo Ely lo dejó claro en su comparecencia: el equipo debe mantenerse firme, compacto y mentalizado para un partido que no admite concesiones. El Sporting, instalado en la zona media, afronta su despedida ante la afición con la llegada de un nuevo entrenador y un proyecto en construcción, pero eso no significa que vaya a regalar nada. Como advirtió Rubi hace unos días, “en Gijón no nos van a dar caramelos”, y el Almería lo sabe mejor que nadie.
El Molinón será un escenario exigente, con un rival que quiere cerrar la temporada con dignidad y una grada que empuja siempre. El Almería, por su parte, llega con la mezcla perfecta de urgencia y esperanza: la urgencia de no fallar y la esperanza de que el fútbol, caprichoso como siempre, abra una puerta inesperada en el último momento.
Nada está decidido. Nada está perdido. El equipo se aferra a la idea de que el ascenso directo aún respira, aunque sea con un hilo fino. Y si ese hilo se rompe, quedará la promoción, un camino duro pero igualmente válido para regresar a la élite. Lo importante ahora es competir, creer y resistir. El domingo puede ser un punto de inflexión… o el inicio de la batalla definitiva.
Fotografía. U.D. Almería





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